Hace unos días un buen amigo mío publicó un artículo en el diario El País (ver artículo) sobre la necesidad de investigar en los hospitales españoles. Santiago es médico dedicado full-time a la investigación desde hace varios años. No trabaja en un hospital, sino que lo hace en uno de los institutos del CSIC. Fuera del ámbito sanitario. Dedica todo su tiempo laboral y gran parte del personal a sus tareas investigadoras. Lo mismo ocurre con la gran mayoría de los investigadores, me atrevería a decir que tanto en España como en otros países.En su artículo, Santiago insta a los médicos de los hospitales a aproximarse a la investigación científica, y a los investigadores a aproximarse a la práctica clínica, para así crear un entorno de mutuo entendimiento que propicie la investigación en los hospitales. Y en mi opinión eso está bien. Es tal vez un camino. Sin embargo, yo que soy algo más mal pensado, creo que el problema tiene al menos una faceta más “social”, más de comportamiento, de maneras de ser, en último extremo creo que es más un simple problema de corporativismo.Los científicos son creadores y profesionales de la investigación siempre, no sólo durante las horas que dura su jornada laboral. Y no es extraño que sea así porque la investigación científica tiene algo de juego, algo de adivinanza que se va continuamente rumiando para encontrar la solución. Esa es la parte más bohemia de los científicos y la mejor valorada socialmente por aquellos que no están dentro del sistema científico. Sin embargo, también hay una parte menos visible en la personalidad de los científicos que los hace algo artistas: su ego. Éste está tan desarrollado como en los artistas, la gente del arte, en muchas ocasiones valoran más su trascendencia, actual y futura, que otros aspectos más prosaicos de su profesión. El reconocimiento de su descubrimiento, su trabajo, incluso su esfuerzo, es muchas veces suficiente para satisfacer al científico. Ni uno ni otro son aspectos intrínsecamente malos y tampoco buenos, si no están descompensados. Ambos hacen avanzar la ciencia, pero también condicionan la manera de interaccionar de los científicos entre ellos y con otros profesionales. Los médicos, por su parte, comparten con el científico algo del espiritu bohemio, pero mucho me temo que tan solo en un pequeño porcentaje. Muchos médicos (me temo que la mayoría) ejercen su profesión como los servicios oficiales de reparación, sin más. Arreglan los cuerpos estropeados o con defectos y encuentran satisfacción en ello (los más vocacionales) o en la remuneración de sus servicios. Comparten con los científicos la necesidad del reconocimiento, no tanto de la trascendencia. Por otro lado, los médicos suelen tener un esprítu corporativista muy arraigado, estableciendo y dejando clara la distinción entre la clase médica y el resto del mundo. No es algo anormal, igual ocurre en muchas otras profesiones. Esta forma de ser, o quizás mejor de estar, de los médicos condiciona también en gran manera la interacción con ellos.Las dos personalidades, la de los científicos y la de los médicos, son fuertes y chocan en algunos puntos y entonces saltan chispas. Los médicos tienen razón (al menos en mi opinión) en pensar que los científicos son poco prácticos, poco en la realidad de los enfermos, de los pacientes padecientes. En sus manos, cualquiera se habrá muerto de un simple resfriado para cuando, tras rigurosos análisis y deliberaciones, el científico encuentre la solución al enigma de lo que le pasa al enfermo. Los científicos tienen razón cuando piensan que muchos médicos son poco rigurosos en la aplicación de soluciones para curar los enfermos y en cierta manera conformistas con las soluciones establecidas. No asimilan la necesidad de profundizar más allá de la luz para encontrar el centro del sol. Bueno, como no podría ser de otra manera cuando se trata de posiciones extremas, ambos tienen algo de razón y mucho de equivocación. Como sea, el dialogo entre ambos es difícil. Demasiados trajes en uno y otro caso, vestidos para la ocasión del encuentro, como para dejar ver que ambos son iguales debajo de la camisa.Concuerdo con Santiago en que la investigación en los hospitales, o su ausencia, es un problema fundamentalmente de cultura, y eso subyace y explica otras posibles causas de la disjunción hospital-investigación. Algo que podría aliviar la situación, en mi opinión, sería rebajar un poco (o mucho) el corporativismo de la clase médica y permitir la existencia de investigadores no-médicos en los hospitales. Es muy complicado sacar adelante cualquier investigación científica sin dedicarle horas y horas. No veo posible cómo un médico, despues de media jornada agotadora de atención a enfermos, puede, en el tiempo que le queda libre, encerrarse en el laboratorio y seguir trabajando con suficiente fuerza para sacar adelante su investigación. No estoy hablando de médicos-investigadores consagrados (que los hay!) que dirigen grupos más o menos grandes de investigadores full-time, sino de los médicos más jóvenes, incipientes investigadores, que aun no tienen suficientes tablas como para poder dirigir un grupo de investigación. La investigación en los hospitales sólo será posible si se incoporan a sus plantillas (fijas o no) investigadores no-médicos en unas condiciones de igual a igual con los médicos. Esa es la fórmula que utilizan aquellos escasos hospitales de España donde se desarrolla investigación biomédica y es también la fórmula en todos los hospitales de otros países que tienen grupos líderes de la investigación biomédica mundial. Algo menos de corporativismo insano sea, quizás, todo lo necesario para incorporar la investigación a nuestros hospitales. Evidentemente, los investigadores deberán valorar la experiencia clínica de sus colegas médicos y no mirarles prepotentemente por encima del hombro. Evitar el otro corporativismo estúpido, el científico, que también existe y que en cierto modo es menos justificable. No desde el punto de vista de la ciencia, la bohemia.
j.
Si el link de El País no es válido probar este otro: Articulo Santiago El Pais 16/01/2008

