Chinchón (Madrid) en marzo…

21 03 2008

Ayer, 20 de marzo, estuve dando una vuelta por Chinchón. Chinchón es un pueblo cerca de Madrid con encanto. Tal vez ahora ya demasiado encanto. Como otros pueblos pequeños con encanto cercanos a Madrid (Pedraza, Patones me vienen ahora a la cabeza), Chinchón es ya un pueblo que vive hacia los visitantes, los turistas como yo que se acercan a él a pasar el día y pasear por sus calles estrechas con el encanto olvidado del pueblo que fue. Que ya no es, puesto que ahora es todo un poco (o un mucho) más artificial, más decorado, menos auténtico.

Madrid estaba vacío. Era jueves Santo, en el medio de las vacaciones de Semana Santa para muchos, o el primer día de las vacaciones, para otros, o al menos festivo, para casi todos. A Chinchón se llega desde Madrid por la carretera de Valencia. Poco más allá de Rivas-Vaciamadrid (¡qué nombre tan poco afortunado!) hay que coger una desviación a la derecha, justo donde están las antenas de Radio Nacional de España. Antenas ocupadas muchas de ellas por nidos de cigüeñas. En esta epoca del año las cigüeñas todavía están por aquí y ayer se podían ver muchas, en sus nidos o volando, con sus alas blancas y negras y sus patas largas rojas. Después de algunos kilometros por una carretera de doble sentido, se sube un promontorio en donde hay una fábrica de cemento que siempre me recuerda a la película “Mad Max”. Es impresionante de día y también de noche. La carretera pasa justo al lado, aunque la fábrica se divisa, recortada en el horizonte, desde muchos kilometros de distancia. Más adelante, se coge otro desvío a la derecha hacia una carretera más estrecha y descuidada que baja a la vega del Tajuña, lo atraviesa, y vuelve a subir hacia Chinchón por un terreno árido y desértico de color gris, lunar, poco acogedor.

En contraste con Madrid, Chinchón estaba lleno de gente. No llegué a saber qué es lo que pasaba, qué se celebraba, pero había una especie de instalación por todo el pueblo: iluminación y altavoces profesionales, de espectáculos, en varios rincones del pueblo, no solo en la Plaza Mayor. En ésta había mucho bullicio. Aparte de la gente que paseaba o atestaba las terrazas, también había algunos ¡puestos de ajos!

Puesto de Ajos en Chinchón

Puesto de ajos en la Plaza Mayor de Chinchón

También había algo nuevo en Chinchón, uno de esos decorados que digo, el burro taxi: una reata de burros paseando continuamente a niños y no tan niños, el escueto círculo central de la plaza. Los burros eran un encanto, amorosos, ¡pobriños!

El burro-taxi de Chinchón

El burro-taxi de Chinchón

Al llegar a Chinchón, el cielo estaba nublado y la Plaza Mayor, llena de gente, tenía una luz color gris claro, que daba volumen al aire, e inspiraba una mirada retrospectiva. No había sombras y la gente andaba de aquí para allá desenfadadamente.

Plaza Mayor de Chinchón - nublado

Plaza Mayor de Chinchón – nublado

Pronto después de llegar, el sol empezó a imponerse y, ya por la tarde, el cielo solamente mostraba algunas nubes blancas recortadas sobre el azul luminoso tan característico de Castilla y que tanto echo de menos cuando estoy fuera, lejos de Madrid.

Plaza Mayor de Chinchón - ¡sol!

Plaza Mayor de Chinchón – ¡Sol!

La joya de Chinchón es su Plaza Mayor, con soportales y balconadas. Esta plaza medieval comienza en el siglo XV con las primeras casas, y se cierra finalmente en el siglo XVII. Lo más característico son sus balconadas, constituidas por 234 balcones de madera, que se conocen como “claros”. Hace años (muchos años) hubo un debate sobre cómo se debían de pintar las balconadas de la plaza. Al final se eligió el color que ahora tiene (verde-azul oscuro) por ser el tradicional de la plaza (eso dicen). Muchas de estas balconadas se han convertido en restaurantes donde se puede comer una comida castellana clásica y, en todos los que yo he probado, más bien normalita: carne roja, morcilla, huevos rotos, chistorra,… nada exótico, ni original, y de calidad… normal, un poco aburrida desde el punto de vista gastronómico (bueno, esta es mi opinión). Más divertidas y provocativas, sin duda, son las “Tetas de Novicia” y las “Pelotas de Fraile”, repostería tosca de la región, divertidas al menos por su nombre que, evidentemente, se inspira en las formas que adoptan.

La Iglesia de la Asunción y la Torre del Reloj desde la Plaza Mayor

La Iglesia de la Asunción y la Torre del Reloj desde la Plaza Mayor
(perdón por el efecto de perspectiva que curva los edificios. Como dice una amiga mía (O), necesito un cursillo rápido de fotografía…)

El edificio monumental más notorio de Chinchón es la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Su construcción fue iniciada en 1534 por Alonso de Cobarrubias y se terminó en 1626. La iglesia fue quemada por los franceses en 1808 y reconstruida 20 años después. Esta reconstrucción combinó los estilos gótico, plateresco, renacentista y barroco. Al parecer, esta iglesia tiene un cuadro de la Asunción de la Virgen pintado por Goya. Sin embargo yo nunca lo he visto porque, pese a haber visitado Chinchón muchas veces, nunca he entrado en la iglesia de la Asunción. Desde la Plaza Mayor, la vista de esta iglesia es imponente. Es una mole enorme que domina el horizonte norte de la plaza. Llama la atención la ausencia de torre. Efectivamente, la iglesia de la Asunción no tiene torre. Sin embargo, algo a la izquierda de la iglesia, vista desde la Plaza Mayor, hay una torre (la Torre del Reloj) que no tiene iglesia. Esta torre perteneció a una iglesia (la iglesia de Nuestra Señora de Gracia) que fue destruida por los franceses y nunca fue reconstruida (“Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre”).

La Iglesia de la Asunción y la Torre del Reloj de Chinchón

La Iglesia de la Asunción, mole que domina Chinchón, y la Torre del Reloj al fondo

Torre del Reloj de Chinchón

Torre del Reloj de Chinchón

Otro edificación sobresaliente en Chinchón es el Castillo de los Condes. Éste domina el horizonte sur de Chinchón, donde se recorta en el paisaje sobre una suave elevación del terreno. Pareciera que contempla inerme y sin futuro el sol poniéndose más allá de los campos de la vega del Tajuña. La construcción del castillo data del siglo XVI, por orden del Diego Fernández Cabrera III (conde de Chinchón). Fue residencia de los condes de Chinchón hasta el siglo XVIII, en que fue abandonado. Ahora es meramente algo más que visitar en Chinchón, sin mayor interés que el histórico. Sin ningún encanto para mí. Su último uso fue de fábrica de licores, quizás lo más conocido de Chinchón: su anís.

El Castillo de los condes de Chinchón

El castillo de los condes de Chinchón – mirada al ocaso, al propio ocaso… Delante, parte del Parador Nacional de Chinchón.

Muy cerca de la Plaza Mayor, saliendo por su esquina más sur-oeste, está el parador de Chinchón, antiguo convento de San Agustín. Su ubicación, como a un lado del pueblo, hace que pase un poco desapercibido.

Arco de La Balconada

Arco de La Balconada, con La Balconada encima

Subiendo desde la Plaza Mayor hacia la iglesia se pasa por un arco que da entrada a dos restaurantes. Uno de ellos, “La Balconada” está justo en la esquina y es al que más habitualmente voy. Tiene algo más de encanto que el mesón más típico que está enfrente, justo al otro lado de la diagonal: el Mesón de la Virreina. Éste debe su nombre a la condesa de Chinchón, Doña Francisca Enríquez de Rivera, que fue Virreina del Perú hacia 1600 y que descubrió la quina en 1626. Cerca de la Iglesia de la Asunción, hay unos jardines con un busto de la virreina que recuerda este hecho. Aunque, quizás “recuerda” no es la palabra adecuada, sino más bien reconoce: creo que no es muy conocido que la quina fuese descubierta por esta buena señora (o quizás sea solo yo el ignorante, esto no se puede descartar).

La Virreina del Perú

La Virreina del Perú, condesa de Chinchón, descubridora de la quina

Los jardines que albergan el busto de la Virreina son modestos y austeros y dan entrada al Teatro Lope de Vega de Chinchón. Es una sorpresa agradable descubrir que un pueblo pequeño como Chinchón tenga un teatro estable. El teatro, por fuera al menos, es como los jardines; modesto y no muy bonito. Sin embargo tiene cierto encanto, algo especial, evocador y un toque mágico, o tal vez fueran simplemente mis ojos.

Teatro Lope de Vega de Chinchón

Teatro Lope de Vega de Chinchón

Desde la iglesia de la Asunción se ve la Plaza Mayor abajo y el castillo de Chinchón al fondo y se divisa la vega del Tajuña que se pierde hacia el oeste en campos en descenso progresivo.

Plaza Mayor de Chinchón desde la Iglesia de la Asunción

Plaza Mayor de Chinchón, desde la Iglesia de la Asunción

La Vega del Tajuña desde Chinchón

Chinchón desciende hacia la vega del Tajuña

Chinchón está construido en la falda de un monte. Sus calles están casi todas en cuesta, incluso aquellas que conectan las calles más radiales. Las que van y vienen de la Plaza Mayor, centro del pueblo, hacia o desde la periferia. Las calles, como en casi todos los pueblos castellanos, son austeras y, como no, con encanto.

Una calle de Chinchón

Una calle de Chinchón

Muchas de estas casas tienen unos balconcillos cerrados, con aire romántico, …romanticismo que a veces hay que esforzarse en imaginar cuando están al lado de compresores de aire acondicionado: la bohemia y la comodidad casi nunca han casado bien, casi nunca…

Un balcón romántico de Chinchón

Balcón romántico de Chinchón, aire acondicionado, contenedores de basura… en fin…

Las casas de Chinchón, parecen competir entre ellas por estar más arriba, más alto, más cerca del cielo azul. Vistas desde algunos ángulos, da la sensación de que se amontonan unas sobre otras, se apoyan y trepan como castellets de piedra y cal para llegar más arriba, más a la luz.

Castellets de casas en Chinchón

Casas de Chinchón subiendo al cielo como castellets…

Y este afán por salir, por subir, por alcanzar el aire, parece contagiarse a otros habitantes sésiles de Chinchón. En una sombra, a los pies de una casa de pueblo, una de tantas, sin mayor historia, sin mayor encanto, unas pobres flores luchaban por salir, por ver el sol. Me resultó una escena muy alegórica: su esfuerzo por huir, por la libertad, por alcanzar la ilusión amarilla y brillante del sol… Sí, es cierto, es otra sobre-interpretación más de las mías: las plantas, como las casas, no piensan, no sienten, no ansían, no tienen ilusiones…

Flores de Chinchón huyendo hacia la luz

Flores de Chinchón huyendo hacia la luz

Olvidado, en una calle de Chinchón, un juguete: un tractor azul que haría las delicias de cualquier niño-yo hace algunos años, muchos años,… y aun ahora. Brummm, brummm.

un tractor

Un juguete en Chinchón: ¡Un tractor! ¡Maravilloso!
 

j. 

Nota: los breves comentarios históricos sobre Chinchón en este post se basan en un artículo de mi querida Wikipedia (Chinchón) al que remito a aquellos que estén interesados en saber más sobre la historia y arte de Chinchón.


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2 respuestas

20 04 2008
HARRY LIME

Buen articulo.visita mi blog:
http://chinchonsite.blogspot.com/

28 03 2009
genius

En un viaje por el centro de España, (cuyos paisajes son una maravilla), tenia
entre otros objetivos, visitar Chinchon con su famosa Plaza Mayor.
Corria el año 2005 y todavia guardo un recuerdo inborrable de de esa plaza
que para mi es una de las mejores de España, junto con la de Almagro.
Estoy preparando un DVD de aquel viaje de tan grato recuerdo, para lo cual estoy
documentado y mirando fotos entre otros lugares de Chinchon preferentemente.
Un saludo desde Barcelona a todos los amantes de los paisajes de nuestra tierra.
Genius2

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