A veces un libro me deja sensaciones encontradas: quiero ver cómo termina y, cuando lo acabo, me da pena que se haya acabado. Son los libros que me gustan. Otras veces, quiero ver cómo termina, con la esperanza de que, al final, se arregle todo y me libere así de la sensación de pérdida de tiempo que me va suponiendo el leerlo. Otros libros, en cambio, termino de leerlos y no sé qué pensar de ellos. Tengo que dejar pasar un tiempo hasta que, de cierta manera inconsciente, me formo una idea de lo que opino de él. Esto es lo que me ha pasado con el último libro que he leído: El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon. Terminé este libro hace poco más de una semana y no he sabido qué pensar de él hasta ahora, …aunque no lo tengo muy claro aún.
La verdad es que tengo una cierta ambivalencia con este libro. Según parece ha sido superventas (pero no es un best seller típico, de esos de verano) y se ha vendido en todo el mundo levantando muchas críticas elogiosas. Sin embargo, a mí no me ha gustado. Me ha dejado una sensación parecida a la que hace muchos años me dejo El mundo de Sofía de Jostein Gaarder (Ed. Siruela. 1994), otro superventas mundial, pero que a mí tampoco me gustó. Ambos libros son de ese tipo de libros que pretenden divulgar con una historia (más en el caso de El mundo de Sofía que en el de El curioso incidente del perro a medianoche). Al final, la historia suele estar mal contada, resulta artificial y deja un regusto de “quiero y no puedo” que lo estropea todo (también en esto es peor El mundo de Sofía que El Curioso Incidente del…).
El curioso incidente del perro a medianoche está escrito en primera persona por un niño adolescente autista, con los lógicos problemas de relación con el mundo y con las personas, pero extraordinariamente inteligente y con un capacidad de razonamiento lógico cartesiano estricto, aunque limitado cuando el número de factores distintos es excesivo (por eso no puede aplicarlo a su problema de relación). No dudo que esto pueda ser así, de hecho el tema está ya muy trillado en el mundo del cine (Raimon, y Mercury Rising, me vienen ahora a la cabeza), sin embargo la forma en que es tratado, la historia en sí, resulta muy artificial, pretenciosa y con ansias de innovación en la forma de escribir. Por ejemplo, en el texto se incluyen esquemas, emoticones, dibujos, mapas, etc. como elementos de la novela. Aunque esto podría ser una forma original y quizás pionera de escribir novela, la forma en que están tratados, introducidos en el texto, es tan chapuza que no sólo no logra el efecto buscado, sino que resulta innecesario y, finalmente, molesto. Si lo que pretende lograr es transmitir, como si de un plano subjetivo del cine se tratara, la forma de ver el mundo del niño protagonista, tampoco lo logra (quizás alguien debería recomendarle al autor que se leyera el clásico en narración en plano subjetivo: Ulises, de James Joyce).
El niño, Christopher, escribe el libro por sugerencia de una profesora del centro especial al que asiste. Utiliza los números primos para numerar los capítulos. Alterna un capítulo de la trama con otro de lucubraciones mentales. No dudo que sea interesante esta forma de organizar el libro (otra vez tampoco es innovadora), pero resulta muy forzada. Es también evidente el afán didáctico del autor, que pretende hacer que el lector piense sobre conceptos matemáticos y abstractos, muy interesantes en cualquier caso, pero irrelevantes para la trama en sí de la novela (el tiempo, problemas de probabilidad, teoría de mapas y grafos, la relatividad, etc.). La idea puede ser buena, aunque dudo que sea eso lo que busca el lector medio, pero está tan mal llevada que el resultado no pasa de ser una mera colección de cosas curiosas, de esas que se cuentan en las cenas entre amigos. Como los libros de juegos matemáticos, o física recreativa, o cosas curiosas. Solo que esos libros “van de eso”, y no pretenden ser otra cosa y “en eso” pueden ser muy buenos. Sin embargo, El Curioso Incidente del Perro a Medianoche pretende ser una novela, y como tal es decepcionante. Mala, diría yo. Lo único que me mantuvo hasta el final era por ver si éste justificaba todo el libro, pero ni eso.
Sobre el argumento, una simpleza. No merece la pena que cuente nada. Sé que esta opinión no es compartida por un gran número de lectores de este libro, pero es lo que pienso.
j.

