Acabo de leer Exploradores del abismo de Enrique Vila-Matas. Es un libro que recoge varias historias cortas, en total 18 más un pequeñísimo epílogo de Peter Handke. Este es el primer libro que leo de Enrique Vila-Matas. No sé muy bien que pensar. Me ha dejado bastante indiferente. No ha sido un libro que me haya enganchado. Las historias son extrañas, poco interesantes y con una luz ocre que las hace un poco viejas. Por la forma de escribir enseguida se descubre que el autor es catalán. No sabría decir por qué, pero recuerda a otros autores catalanes como Eduardo Mendoza (La ciudad de los prodigios), Félix de Azua (Momentos decisivos), o incluso Carlos Ruiz-Zafón (La sombra del viento). Todos en cierta manera retratan un ambiente que iluminan con esa luz ocre que inevitablemente me recuerdan a Carmen Laforet (Nada). Por supuesto, aparte de esta característica común, cada uno tiene su propia forma de escribir, más o menos ágil, más o menos profunda, más o menos dinámica.
Enrique Vila-Matas en Exploradores del abismo hilvana 18 historias sobre personajes que el autor quiere que vivan al borde del abismo, cuando lo que ha logrado en mi opinión ha sido retratar outsiders que viven la vida al margen de su entorno y desde su posición lo observan y analizan (Niño, Así son los autistas, Materia oscura) o que desean vivirla así (Porque ella no lo pidió). En este último, curiosamente otra vez en menos de dos meses, me he encontrado un juego de espejos, una historia que zigzaguea dentro y fuera, correctamente (nada más) llevada desde el punto de vista técnico, aunque desaprovechada en interés y apagada por el empeño de la iluminación ocre que impregna todo el libro. Me llamó especialmente la atención Amé a Bo, un relato que parece escrito mientras suena de fondo la canción de M-Clan Llamando a la Tierra, versión propia de la original Serenade from the stars de Steve Miller Band.
Es un libro que no me leería dos veces, pero sí una. Es por tanto recomendable, sin aspavientos, aunque para días de esos en los que nos encontramos fuera del mundo, los días extramundi (por cierto, nombre maravilloso de una aldea cercana a Padrón-A Coruña).


Vila-Matas tarda en enganchar, pero una vez lo hace se convierte en adicción, a mí me pasó con París no se acaba nunca…