1957
Yo nací el 18 de febrero de 1958, sin embargo mi historia empieza en 1957. Ese fue el año en el que empezó mi proto-yo. Todo lo demás hasta que nací, hasta ahora, es el resultado del programa que se inició en aquél momento. Un programa dinámico, interactivo y ligeramente adaptativo: llamémosle inteligente (simplemente, sin implicaciones derivadas). Aunque su consciencia de sí mismo le haga creer a veces que es libre, sus rutinas, sus pautas y procedimientos son tan previsibles que el concepto mismo de libertad parece más un ciclo fútil de alguna rutina de autogratificación. Pero, por seguir jugando a representar la vida, lo plantearé en los mismos términos en que está escrito el guión. O al menos eso me creo yo… un mero programa genético. Como todos, yo provengo de mamá y papá. Nada original por ese lado.
Mamá y papá, allá por 1957, un poco antes de empezar yo a dar la lata ya.
Según mamá su embarazo de mí tuvo una duración normal. Por lo tanto, según mis cálculos lo primero que de alguna manera puede considerarse como “yo” debió de empezar algún día de finales de mayo de ese año, entre el 23 y el 25. Me inclino más por el 25, era sábado. Y supongo que fue ese sábado por la noche. Mi hermana tenía entonces algo más de tres años, supongo que se despertaría a horas más bien tempranas, por la mañana, no era buen momento para encargarle un hermanito. En cambio, las noches del sábado en esas condiciones son buenas para quererse mucho. Al día siguiente no hay que trabajar. Ahora, la noche de los viernes también es buena para eso, al menos para mucha gente que no trabajamos los sábados. En aquellos años de posguerra casi todo el mundo trabajaba los sábados por la mañana. Incluso los niños iban a la escuela los sábados por la mañana (eso se extendió bastantes años más, pues yo aun me acuerdo de ir al colegio los sábados). Mamá era maestra. Nunca tuvo plaza fija y trabajó de interina en varias escuelas, aquí y allá, en pueblos y aldeas mínimas de Galicia, a los que iba muchas veces andando por el monte y por corredoiras, de amanecida, con frío y el aullido de los lobos como única compañía (esto es literal, y rigurosamente cierto, no dramatizado. Ahora ya no hay lobos,… o no tantos). Estaba toda la semana fuera y volvía a casa los sábados. Papá era entonces Guardia Civil, ya en Pontevedra y haciendo trabajos de oficina, y por supuesto también trabajaba los sábados por la mañana. Mi hermana, todavía pequeña, quedaba al cuidado de mi abuela materna, Titiña, que vivía en casa. Así que el sábado por la noche era un buen momento. Además era finales de mayo, el calor ya debía empezar a sentirse y las noches así son más agradables, más dadas a volar y a disfrutar de la noche misma. Supongo que en algún momento en torno a la medianoche del sábado papá y mamá se quisieron mucho (¡hablo de mis padres, no puedo referirme a ellos en ese momento de otra forma sin sentirme raro!). Yo empezaría a ser proto-yo algo más tarde, cuando el espermatozoide de mi padre, después de recorrer los 7-10 centímetros que lo separaban, alcanzó el óvulo de mi madre, aun en el oviducto. Esto pudo ocurrir una media hora más tarde, pues la velocidad media de los espermatozoides es de 0,3 cm/minuto. Claro que pude tardar más tiempo en aparecer, todo depende de los obstáculos encontrados y el momento ovulatorio de mamá. Pero no debió de ser mucho más allá de esa noche. Quizás al amanecer, mi proto-yo ya estaba formado… y mamá y papá, seguramente, ¡sin saberlo!
Mamá con sus alumnas de una de las escuelas donde enseñó, esta es de unos 4 años después de haber nacido yo.

Titiña (mi abuela materna) con mi hermana y yo. Entonces, yo debía de tener 1 año y medio más o menos (¡no tuve nada que ver con el brazo roto de Titiña!)
Esa noche no había Luna, estaba recien estrenada, casi Luna nueva, y solamente se mostraba como un fino arco al anochecer, todavía cerca del Sol. A las diez de la noche ya se habría puesto. Jupiter debía estar bien alto en el cielo y Saturno aparecería en breve por el horizonte Este. Marte se había puesto hacía unas horas, ya no sería visible. Dos estrellas reinaban en el cielo esa noche: Arturo y Spica.
Arturo (α de Bootes/Boyero) es la estrella más brillante de la constelación Bootes, o el Boyero (el cuidador de bueyes) con una magnitud aparente de -0,04. El nombre Arturo (Arcturus) deriva del griego y significa “guardián del oso“, quizás por su proximidad a la constelación Osa Mayor. En Aragón se le conoce como Petarruego, no sé por qué. Arturo es una estrella amarilla en apariencia. La cuarta más brillante desde la Tierra (si consideramos a las dos componentes de α-Centauri como una sola, pues no se pueden separar-resolver). Es realmente una estrella gigante naranja, 25 veces mayor que el Sol, y más de 100 veces más brillante (más de 200 veces si consideramos la enorme cantidad de radiación que emite en el invisible infrarrojo) y una temperatura superficial de algo más de 4.000 grados centígrados (4.290 K). Está a unos 36.7 años luz de nosotros. Así que la luz que nos está llegando ahora, en mayo de 2008, salió de Arturo cuando yo tenía algo más de 13 años. Es una estrella de las que están cerca. Parece alejarse de nosotros a una velocidad aparente de algo más de 5 km/s. No es una estrella que vaga solitaria por el espacio. Se mueve a través de la galaxia junto con otras 53 estrellas compañeras que constituyen el llamado grupo de Arturo, lo que se dice una romería estelar.
Acompañaba a Arturo esa noche, Spica, otra estrella bastante brillante (magnitud +1,04) y de nombre con sabor al verano que se avecinaba (Espiga, α de Virgo). Spica es una estrella azul, la más brillante de la constelación Virgo. De hecho, Spica es un sistema doble formado por dos estrellas separadas solamente 18 millones de kilómetros. Esto puede parecer mucho pero es 8.3 veces menos que la distancia de la Tierra al Sol (unos 150 millones de kilómetros). Ambas estrellas (Spica-A y Spica-B) giran alrededor de un centro común en poco más de 4 días. Las dos son gigantes azules muy calientes. Spica-A, la mayor, tiene una temperatura superficial es de 22.130ºC y su luminosidad es 13.400 veces la del Sol. Es casi 8 veces mayor que el Sol y tiene una masa 11 veces mayor. Con estas características más vale vigilarla, porque en cualquier momento puede explotar como una supernova. Teniendo en cuenta que se encuentra a una distancia de nosotros de 260 años luz de la Tierra, los efectos de tal explosión se harían notar intensamente. Quien sabe si ha explotado ya, la luz que nos está llegando ahora ha salido de allí cuando Goya acababa de cumplir dos años. Este es el problema que tiene que la luz no viaje más rápido (300.000 km/s) y no hay nada más rápido que la luz. ¿Como saber que está pasando ahora mismo en Spica-A, si es que siquiera existe? Aunque si es imposible de saber y de notar ¿importa eso algo? Realmente ¿qué es ahora, o mejor, cuándo es ahora allí?
Credit: NASA/ESA, The Hubble Key Project Team, and The High-Z Supernova Search Team
En esta foto de la galaxia NGC4526 del cúmulo de galaxias de Virgo se puede observar (en la esquina inferior izquierda) la supernova 1994D. Esta supernova (visible en 1994 como su nombre indica) resultó de la explosión de una estrella de la galaxia NGC4526, estrella que no era visible desde la Tierra antes de su explosión. El brillo de ésta rivalizó durante varios días con el propio centro de la galaxia, lo que ejemplifica la tremenda generación de energía que supone una explosión supernova: un beneficioso efecto de las explosiones supernovas es nuestra propia existencia, pues es en estos cataclismos estelares de magnitud galáctica cuando se producen los elementos pesados, oligoelementos esenciales para la vida (más pesados que el hierro, elemento que constituye la estación término de las reacciones de fusión nuclear normales que ocurren en las estrellas normales).
Spica-B es algo más pequeña, 4 veces el tamaño del Sol y una 7 veces su masa. Su luminosidad es 1.700 veces superior a la del Sol y su temperatura superficial es algo menor que su compañera, pero aun así es de nada menos que 18.230ºC. Obviamente, no existe ningún material conocido ni por conocer que aguante una temperatura semejante (uno de los problemas de la fusión nuclear para producir energía ¿en qué recipiente la producimos?, parece ser que el confinamiento mediante campos magnéticos puede ayudar). Spica-A y Spica-B son tan másivas y están tan cerca una de la otra que la atracción gravitatoria recíproca (lo que se conoce como fuerzas de marea) hace que las estrellas en vez de ser esféricas sean elipsoidales como un melón. Esta forma no homogénea hace que Spica sea una estrella variable pues, al estar en rotación, dependiendo de si nos ofrece su sección más pequeña (el eje menor de la elipse) o la mayor (el eje mayor de la elipse) la emisión de radiación es menor o mayor, respectivamente. Además de este tipo de variación de la luminosidad del sistema Spica, Spica-A es una variable Cefeida, debido a pulsaciones de la supercificie de la estrella. Virgo es una constelación bastante insulsa como tal. De hecho Spica es fácilmente identificable porque está sola en una zona del cielo primaveral sin estrellas brillantes próximas. Sin embargo, Virgo encierra uno de los tesoros más impresionantes del cielo: un cúmulo de galaxias. ¡Se pueden ver en Virgo más de 2.000 galaxias! Teniendo en cuenta que una galaxia está formada por millones de estrellas, el cúmulo de Virgo junto con el cúmulo de galaxias de Cabellera de Berenice (una constelación vecina), acumulan ellos sólos una cantidad tal de soles que nos hace sentir pequeñitos. Quizás la galaxia más bonita del cúmulo de Virgo es la conocida como Galaxia del Sombrero (M-104, es decir el número 104 del catálogo de Messier, o NGC4594, o el número 4594 del New General Catalogue de Dreyer-Herschel).

Credit: NASA/ESA and The Hubble Heritage Team STScI/AURA)
Galaxia El Sombrero, la más famosa del cúmulo de galaxias de Virgo. Ampliando la foto se pueden apreciar la multitud de galaxias lejanas que forman parte del cúmulo de Virgo.
Había otra estrella brillante aquella noche, Regulus (α-Leo), la más brillante de la constelación de Leo, pero hablaré sobre ella en otro momento. Por hoy ya está bien de astronomía popular.
¿Qué pasó en 1957 antes de que mis padres se quisieran tanto? Bueno, no parece que nada de lo que ha pasado a la historia tenga una relevancia tal como para justificar mi existencia: Carmen Martín Gaite ganó el premio Nadal de ese año (6 de enero) con su novela Entre visillos, Camilo José Cela fue nombrado académico de la Real Academia Española de la Lengua (21 de febrero), y se firmó el Tratado de Roma (25 de marzo) que marcó el inicio de la Comunidad Económica Europea, germen de la Unión Europea actual. Fue ese mes de mayo de 1957 cuando Paul Anka se hizo famoso. A sus 16 años logró su primer gran éxito con Diana, canción que dedicó a una chica (Diana Ayoub) mayor que él, de la que estaba enamorado y a la que había escrito un poema que más tarde convirtió en canción.
El 6 de mayo se estrenaba en Madrid, en el cine Rialto, El último cuplé, de la Saritísima (Sara Montiel). A Pontevedra no creo que llegase hasta bien entrado el verano, pero supongo que las canciones de la película, grandes éxitos como El relicario, Ven y ven, o Fumando espero, sí sonarían en la radio en aquellos días y ya se sabe que la pícara Sara enervaba y levantaba pasiones, un mito erótico de la epoca, indudablemente, al que no creo que mi padre haya podido resistirse. La foto de la izquierda pertenece a la portada “no censurada” del disco El último cuplé (amablemente cedida por Mark Martínez de INFOMONTIEL.USA). La portada del disco que se publicó en España (censurada, por supuesto) tapaba todo el generoso escote de la generosa Sara Montiel. No sé qué fue, ni se va a saber ya, ni siquiera si existió, lo que motivó que mi padre y mi madre decidiesen pasárselo bien sin gastar dinero aquella noche de mayo… e ¡hipotecarse media vida!.
Una semana después, el sábado siguiente, 1 de junio de 1957, yo era poco más que un montoncito de células en un lado de una bolita hueca de células: un blastocisto, y ya me había implantado en el útero de mi madre que, aun sin saberlo, ya empezaba a darme vida y a cuidar de mí. En la foto de la izquierda muestro un blastocisto de ratón, prácticamente idéntico al humano, solo que más pequeño. En la parte superior izquierda se puede observar una acumulación de células, que se conoce como “Masa Celular Interna”. Ésta dará lugar al embrión propiamente dicho (a mí, ¡si fuese una foto del blastocisto del que procedo!). El resto de las células forman la pared del blastocisto y se conoce como Trofectodermo. Éste dará lugar a tejidos extraembrionarios que, eventualmente, formarán parte de la placenta. El blastocisto está practicamente hueco (lleno de líquido, claro está). La cavidad interna, en el centro de la imagen, se conoce como blastocele. En el fondo, a esas edades no somos tan distintos de un ratón (algunos incluso a edades adultas). El 30 de mayo de 1957, el Real Madrid ganaba su segunda Copa de Europa, al vencer a La Fiorentina 2-0 en el estadio Santiago Bernabeu. Durante esa semana yo no había estado sin hacer nada. Había recorrido dando tumbos el oviducto de mi madre y había ido dividiendo desaforadamente en porciones el pequeño patrimonio biológico que me habían dado mis padres: un óvulo de mi madre fecundado por un espermatozoide de mi padre, en total un celulita de poco más de 0.14 mm que al final de esa primera semana se había dividido en unas 125 células más o menos, eso sí, sin aumentar sensiblemente de tamaño, formando un blastocisto parecido al de la foto.
Pasé ese primer verano como cualquier otro embrión humano de mi edad. Creciendo en tamaño, desarrollando mi sistema nervioso, algunos órganos,… Hacia septiembre de ese año, cuando el Barcelona inauguró el Camp Nou (el 4 de septiembre), yo ya tenía un tamaño de unos 7 centímetros, claro que si estiraba las piernas, podía alcanzar los 10 centímetros. Para entonces ya tenía brazos, piernas, dedos con uñas, y si hubiese sido inventada la ecografía ya se hubiese podido ver que era niño.
Sputnik 1, el primer satélite artificial de la Tierra. Lanzado por la antigua URSS el 4 de octubre de 1957
Un mes más tarde ya era otoño. A principios de octubre yo empezaba a tener pelo y había crecido hasta casi 13 centímetros, y estirándome alcanzaba los 20 centímetros. Fue entonces, el 4 de octubre de 1957, cuando la URSS lanzó el primer satélite artificial de la Tierra, el Sputnik-1. Una bola de unos 83 kilos con cuatro pinchos (las antenas de radio) que daba una vuelta alrededor de la Tierra cada 96.2 minutos, a una altitud entre 214 y 938 kilómetros (en su perigeo, o mínima distancia a la Tierra, y en su apogeo, máxima distancia a la Tierra, respectivamente) emitiendo un bip-bip característico (pulsar aquí para escuchar la señal de telemetría del Sputnik-1 que producía el bip-bip). ¿Sería eso lo que hizo que luego, ya niño, me gustase la astronomía? ¿Habría yo notado algo cuando aun estaba en el calorcito húmedo del vientre de mi madre? Empezaba la era espacial.
Y así, llegó noviembre. Otra vez la URSS salía en los periódicos el día 3 de ese mes porque había puesto en órbita al primer ser vivo de la historia: la pobre perrita Laika a bordo del Sputnik-2. No estaba previsto su retorno a la Tierra, se había programado su eutanasia con comida envenenada para diez días después de haber sido puesta en órbita. Pero no duró tanto. ¡Pobriña Laika!, tuvo una muerte horrible por sobrecalentamiento del Sputnik-2 y murió entre cinco y siete horas después del lanzamiento, como se supo muchos años después, en 2002. Laika murió sola en el espacio. Nadie escuchó sus últimos ladridos ni su triste llanto final. Mi proto-yo entonces tenía cinco meses y ya me movía dentro de mamá. Si noté algo con el Sputnik-1, seguramente noté algo también de la desesperación de Laika y su fugaz despedida de este mundo,… fuera del mundo. Más tarde, otros perros viajaron al espacio. Para todos se programó su regreso a la Tierra. No todos volvieron vivos. Es triste, ahora me ha dado por pensar en mis perros, Turco, Tom y Max, y otros amorosos que también conocí, Gos y Trip,…
Sputnik 2, segundo satélite artificial de la Tierra. Lanzado por la URSS el 3 de noviembre de 1957. A bordo iba la pobriña perra Laika
El 13 de noviembre se estrenaba en Nueva York The Jailhouse rock (El rock de la cárcel), gran éxito del genial, millones de veces imitado e inigualable Elvis (el pelvis) Presley. A España llegó enseguida, ese mismo año.
Y entró diciembre. No recuerdo nada de ese mes, era aun muy joven, mi proto-yo tenía unos 6.5 meses y yo unos -2.5 meses. Tampoco recuerdo nada de esas Navidades y eso que aun no habían empezado a no gustarme. El 18 de ese mes se estrenaba El puente sobre el río Kwai, con su famosa banda sonora, película que ganó bien merecidamente 7 Oscars y que aun hoy se deja ver bien, no ha envejecido. A España llegó ya en 1958. Por diciembre se suelen dar los Premios Nobel. He leído que ese año de 1957 le dieron el premio Nobel de Química a Alexander R. Todd, por sus descubrimientos sobre los nucleótidos y las coenzimas nucleotídicas. El de Fisiología y Medicina se lo llevó Daniel Bovet, por sus estudios con inhibidores específicos de ciertos neurotransmisores, aunque a él también se debe el descubrmiento de los antihistamínicos, tan importantes en el tratamiento de las alergias. El Nobel de Física fue a parar a dos físicos chinos afincados entonces en Estados Unidos, Chen Ning Yang y Tsung-Dao Lee, por sus descubrimiento de un extraño fenómeno conocido como pérdida de simetría de paridad de la interacción débil entre partículas elementales (hoy, con nuestro Ministerio de Igualdad, nunca hubiesen sido merecedores del Premio Nobel por algo similar, incluso podrían llegar a ser perseguidos,… ¡a quién se le ocurre romper la paridad! ¡ni siquiera a escalas subatómicas!). Chen Ning Yang, a sus 82 años se enamoró (¡¿?!) de una estudiante de física de 28 años y se casaron poco después (en 2003): quizás un buen ejemplo de esa simetría 82|28 cuya inexistencia a escalas subatómicas le valió el Premio Nobel. Albert Camus recibió el Nobel de Literatura de ese año. Nada de todo eso parece haber repercutido en mí (¡no me han dado el Premio Nobel aún!). Entonces yo seguía moviéndome en la tripa de mama, cubierto completamente de lanugo, la pelusilla de los recién nacidos (¡ya no me queda nada de eso!).
El año 1957 fue también el año de uno de los coches más bonitos que se hayan hecho: el Corvette 1957. Este Corvette, el deportivo por excelencia de Chevrolet, pertenece a la primera generación C1 (1953-1962), los llamados “Solid-Axle” porque tenían el eje trasero rígido, la suspensión independiente no apareció en el Corvette hasta la versión de 1963. Fue el primero en incorporar un sistema de inyección de gasolina y una transmisión manual de cuatro marchas. Estaba equipado con un motor de 8 cilindros en V de 4.6 litros de cilindrada que desarrollaba 290 caballos. El color más característico de esta versión 1957 del Corvette era el rojo (Venetian Red) y blanco, y por supuesto ¡descapotable! El modelo 1957 fue el último con solo dos faros delanteros, a partir del año siguiente incorporó cuatro faros. Su precio entonces empezaba en algo menos de 3.200 dolares. Corvettes de ese año cuestan ahora en torno a los ¡130.000 dolares! El Corvette-1957 y yo tenemos algo en común, ambos fuimos concebidos el mismo año: ¡tal vez algún día tendré uno de estos! aunque sea de juguete.

Corvette de 1957 Venetian red (Foto cortesía de Mershon’s world of cars: www.mershons.com)
En España, en 1957 apareció el Seat 600, otro coche emblemático y muy entrañable. Los primeros 600 (el seita como le acabamos llamando casi todos) tenían un motor de cuatro cilindros de 633 centímetros cúbicos y desarrollaban ¡21.5 caballos! unas 13 veces menos que la potencia del Corvette del mismo año. Tenía, como el Corvette, una transmisión manual de cuatro marchas. Costaba 73.500 pesetas. Siete años después, en 1964, apareció el modelo superior, el Seat 600D, con 29 CV. Mis padres, como muchas familias españolas, también tuvieron un seita, azul noche, de segunda mano, con matrícula de Madrid. En él ibamos los cinco: papá, mamá, Titiña, mi hermana y yo,… y las maletas, bolsas, comida para el viaje…! Aunque creo que esta historia es común a muchos.

Seat 600, se empezó a vender en España en 1957 (Foto cortesía de http://seatseiscientos.en.eresmas.com/)
Y así se acabó 1957.
j.
Bibliografía
The human blastocyst: cell number, death and allocation during late preimplantation development in vitro. Hardy K, Handyside AH, Winston RM. Development. 1989 Nov;107(3):597-604 http://dev.biologists.org/cgi/reprint/107/3/597.pdf
Etapas del desarrollo embrionario/fetal humano: http://www.visembryo.com/baby/index.html
Fotos de Corvettes de 1957 y otros años: http://www.mershons.com/ (Special thanks to Bryan Craig of Mershon’s World of Cars, of Springfield, Ohio)
La foto de la portada (no censurada) del disco El último cuplé procede de la página web: http://infomontiel.tripod.com/ (¡Muchas gracias!)
Fotos astronómicas: en la web del Telescopio Espacial Hubble (http://www.spacetelescope.org/) hay multitud de fotos de gran calidad de muchos objetos del universo. ¡Muy recomendable!
La foto del Seat 600 procede de la página web http://seatseiscientos.en.eresmas.com/. Excelente página con abundante documentación sobre este entrañable utilitario. (¡Muchas gracias!)
Como siempre, parte de la información de este post la he obtenido de la Wikipedia y vídeos y audio de YouTube. Gracias a todos.








Hola hombre del 57. Sabes, tengo un secreto que nunca te conté, es un secreto que roza lo personal, que existe antes de que yo mismo lo supiese, antes de que tu nunca los sepas, es un secreto casi eterno que comienza con el hombre, donde se separo del antecesor comun, cuando su alma comenzo a pintar algo en una pared desnuda que recordaba sus sueños y su existencia. Es el secreto mas humilde del mundo, pero que al contarlo recoje la fuerza de diez mil años de vida, de TODA la vida del hombre, desde el momento que se reunión para definir que sería el dominador, siempre dominado, hasta no ser mas que un humilde siervo al servicio de si mismo, de su mas cruel miseria. Tu no naciste en el 1957, tu naciste cuando esa mano dibujo el primer trazo de color sobre un fondo petreo y gris, cuando el primer sonido de entendimiento salio de aquella garganta acostumbrada al rugir del poder, de la victoria o al sollozo del miedo. Tu naciste cuando el primer pie enfilo la senda de la civilización, de lo que será el futuro tragico y descompensado de lo que ha sido la vida del ser humano, que siempre utilizo un blog -o como se llamase entonces- para decir lo que siente y lo que pierde cuando el corazon mudo encuentra otro ser. Ojala tu blog no se pierda en la nada que rodea todo lo vivo y que encuentre refugio en lo que constituye el ser del hombre… o al menos su esperanza.