
Hace tiempo que no escribía nada en el blog. He estado hasta las cejas de trabajo, y aun lo estoy, pero ya estaba echando de menos escribir algo aquí. Lo retomo con un breve comentario a unos de los últimos libros que me he leído, Me voy, de Jean Echenoz.
Nunca había leído nada de Echenoz. ¿Cómo llegué a él? Bueno, me pasa a veces, a través de otro libro. Uno de los que me leí recientemente, Exploradores del abismo, de Enrique Vila Matas, que ya he comentado en este blog. En el libro de Vila Matas, una de las historias cortas que lo componen, trata de una fotógrafa que quiere que un escritor escriba lo que debe hacer durante un año de su vida. Es como si alguien escribiera la novela de la vida real de otro, antes de vivirla, y éste se comprometiera a vivirla. Bueno, éste realmente no es el tema de este post. El caso es que en aquella historia de Vila Matas, uno de los escritores a los que la fotógrafa le propone que escriba su vida es Jean Echenoz. De esta manera llegué a este autor.
Me voy narra una historia entre misterio y búsqueda. Misterio: un personaje entra de pronto en la historia sin saber quién es, ni para qué está. Algo desaparece. Búsqueda: de objetos de arte, pero también de algún sentido a la vida. Sí, también de lo aplastante que, para algunas personas, puede llegar a ser “un amor para toda la vida” o incluso “para un tiempo”. Todo es ligero. Bien escrito y fácil de leer. La narración, hasta bien adelantado el libro, se estructura en capítulos alternados contando dos historia paralelas que más tarde confluyen. Una estructura no muy original. Bastante habitual cuando se pretende mantener la tensión. Este libro tampoco tiene tanta tensión, pero esta estructura lo aligera y lo hace muy fácil de leer. La narración está bien hecha, con las palabras justas y bien elegidas, no es redundante, no abusa de academicismos, ni es vulgar. Algo que me llamó la atención fue que el narrador, de repente, ¡se cansa de uno de los personajes! Me pareció un recurso muy original, con reminiscencias Pirandellianas, de aproximar la historia al lector. Al menos conmigo lo logró.
La traducción es de Javier Albiñana. Es buena. Nada chirría y la riqueza de las expresiones se mantiene.
¡Ah! La contraportada del libro insiste mucho en que el libro es una crítica bienhumorada a la concepción mercantilista del arte. Es verdad, pero no es lo que yo destacaría del libro. Aunque a veces hace sonreír, como cuando describe el desastre que produce una inundación en el estudio de un artista plástico, cuya obra está hecha a base de montones y montoncitos de azúcar esparcidos en el espacio. El agua se llevó el azúcar.
Es, sin duda, un libro aconsejable. Pero que nadie espere una obra maestra. No lo es. Se deja leer y es agradable, pero sin mayores pretensiones.
j.
Me voy. Jean Echenoz. Editorial Anagrama. 2000. 184 páginas.

