Hace dos días leí un artículo en la sección de opinión de El País (12 de agosto de 2009) del actual Secretario de Estado de Investigación del MICINN, Carlos Martínez Alonso, sobre el valor del segundo, no como unidad de tiempo, sino como posición en una carrera, la de la investigación científica. Hice un comentario en la página de El País pero algo raro pasaba que no me lo admitía, supongo que porque era un poco largo. Lo cuelgo aquí.
El artículo de El País se puede leer aquí: “El valor del segundo”
Y esto, a continuación, es mi comentario:
Pues no sé si estoy muy de acuerdo con el mensaje de este artículo. Aunque puedo simpatizar en parte con su contenido, creo que tal vez requiera un punto más de reflexión. Casi nunca funciona mirar al pasado en esto del progreso. Me pregunto si no será mejor avanzar algo más el método científico y adaptarlo a los nuevos tiempos. Y no al revés. Aunque solo sea porque esto último es imposible. Si la nueva forma de hacer ciencia es “rápido” habrá que adoptarla. El diccionario de la Real Academia es una buena analogía. No pretende imponer los vocablos o las formas de hablar de “otrora“, sino que trata de limpiar, fijar y dar esplendor a los nuevos vocablos, dejes y figuras del lenguaje. Sí, de acuerdo, después de un tiempo durante el cual, lo que limpia, fija y da esplendor, el uso e incluso el abuso, ya lo han fijado, limado y quitado asperezas. Pues en los modos de investigar tal vez debamos hacer lo mismo. Los nuevos tiempos han traído la velocidad. Y eso no es malo. ¿Por qué ha de serlo? ¿Por qué no utilizamos esa nueva forma para hacer nueva ciencia? Los métodos de comunicar la investigación, los descubrimientos, los avances, han cambiado también, y sin embargo llegan lentamente al mundo de las publicaciones científicas. La forma publicar los artículos científicos poco ha cambiado conceptualmente de cómo se hacía hace un siglo. Algunos intentos hay en algunas sub-áreas de la física y de las ciencias de la computación, pero aun demasiado arraigados en los formatos tradicionales, no digamos ya en la amplia mayoría de las otras áreas de conocimiento. La forma (de publicar) condiciona el contenido, cuando debería ser al revés. Hace algún tiempo ya que ha llegado el momento de cambiar la forma de publicar y con ese cambio sí se puede sacar provecho, mucho provecho, de la “velocidad”. La construcción del descubrimiento se haría de una manera diferente. No sería ya “uno” el que siguiera todos los pasos desde la superficie hasta el interior profundizando pausadamente, sino múltiples “unos”, simultáneamente, y seguro que más rápido. Pero quizás entonces haya que renunciar también a ser primero, y segundo, y tercero… Los avances científicos no saben de fronteras, colores o correcciones políticas. Pero la ciencia también ha venido siendo y sigue siendo aún, una carrera y casi siempre se confunde la importancia de lo descubierto con su descubridor. Y esta concepción casi deportiva de la ciencia nos ha traído hasta aquí. No es poco. Pero a lo mejor es hora de cambiar la concepción de la ciencia y hacerla más global, sin protagonistas principales, a costa de los casi inevitables egos, para que lo importante, lo trascendente, el hecho científico, lo descubierto, sea el auténtico protagonista de la ciencia, y todos los demás seamos los segundos.
j.

