“De A para X. Una historia en cartas” de John Berger es uno de los libros de este verano. John Berger es un reputado autor y los comentarios y críticas en las solapas del libro eran muy elogiosas. Algunos de estos comentarios son de personalidades del mundo de la literatura como Susan Sontag, Harold Pinter y Arundhati Roy. Claro que, ¿en qué libro van a poner comentarios o críticas que no sean positivas? El libro nos lo sugirió también un librero de los que no quedan, de esos que se han leído todos los libros de la librería (no es cierto, pero da esa impresión), se conocen todas las ediciones, relacionan cada libro con todos los demás, tienen opiniones no de compromiso, incluso hasta políticamente incorrectas, si un libro sienten que es malo no tienen reparos en decirlo así, aunque sepan que así no lo venden,… vamos, un librero de los que fiarse en cuestiones de libros.
Así que, “De A para X” tenía todas las garantías de ser un buen libro. Y lo es. Muy bien escrito y traducido (salvo algún que otro gazapillo esto último), editado por Alfaguara en su versión en español (traducción de Pilar Vázquez), y con un formato original. Cuenta una historia a través de las cartas entre una mujer y su amor encarcelado. Las cartas son muy bonitas, líricas, describiendo cosas cotidianas (algunas no tanto) y fotografiando con letras, imágenes, momentos, sensaciones, la lluvia arreciante, el ocaso, la noche, las caras, las penas, las alegrías, el ansia, la espera y la esperanza, un toque de desesperanza, el paso de los días, el polvo arremolinado en el aire, el sol rojo, el sol amarillo, el sol blanco, la ternura, la paciencia, la complicidad en grado sumo, las conexiones telúricas con el otro lejos, aislado tras los muros de la cárcel,… Solo hay cartas de ella hacia el (de Aida a Xavier). Cartas recibidas por Xavier preso y atesoradas en tres fajos atados con una cinta de tela escrita. Cartas halladas por el narrador, que se ausenta del libro rápidamente tras describirnos cómo las encontró, dejadas en una celda de una cárcel abandonada, y advirtiendo que tal vez el orden de las cartas no sea exactamente cronológico, puesto que están sin fechar. Por eso la historia que narran no tiene principio ni fin, aunque cabe preguntarse por qué Xavier las abandona cuando, se supone, que le trasladan (si es que le trasladan). Hay breves y esporádicas conexiones de una carta a otra que sugieren un antes y un después pero que no rompen la redondez del tiempo de la historia, sin bordes ni límites. Nada hay que sugiera cuánto tiempo ocupan las cartas, aunque alguna respira fatiga, cansancio de la espera, como si ésta haya sido larga y Aida, vencida por el tiempo, desesperanza del encuentro de nuevo con Xavier. El formato es bastante original, aunque no único (hay muchos libros de correspondencias entre los personajes). Sin embargo, John Berger lo utiliza muy bien.
Dicho esto, he de confesar que el libro no me ha gustado. El trasfondo de la historia es un poco rancio. En los comentarios dibujan a Xavier como un terrorista encarcelado, yo prefiero verlo como un revolucionario encarcelado. ¿Es lo mismo? No, hay algunas diferencias, y no necesariamente tan sutiles. Aida, su compañera, es del mismo grupo revolucionario, parece que fue encarcelada también y luego puesta en libertad. El país donde ocurre la historia es inventado, aunque algunos detalles (que descubrí, o mejor me convencí, más bien al final) sugieren que se basa en Palestina. Sin embargo, hay cosas que no cuadran. Algunos detalles parecen situarlo en el hemisferio Sur, como cuando ven la constelación de Orión hacia el norte, noreste, o el uso extenso de nombres y apellidos hispanos. Quizás John Berger juegue con nosotros al despiste y mezcla nombres y modismos hispanos (incluso españoles) con palabras árabes (Aida se refiere a Xavier como Habibi o como Mi guapo, mi soplete, y según la traductora, así figura en el original en inglés, y hay personas que se apellidan García y son de Sevilla). La forma de escribir de Aida, ni lo que describe, son de una mujer árabe. Podrían ser de una mujer revolucionaria de Sudamérica, o tal vez de una extranjera, soldado de causas ajenas, en un país extraño luchando por un pueblo oprimido por otro. Particularmente, estas disonancias me despistan, no me gustan, le roban gusto al libro. Por otro lado, la relación entre Aida y Xavier resulta tremendamente asimétrica por el formato de la historia. Son solo cartas de ella hacia él, nunca de Xavier hacia Aida. Éstas no puede haberlas porque lo que recoge el libro son las cartas halladas (se supone) en la celda de Xavier. Sin embargo, John Berger no duda en utilizar un Deus ex machina para incluir cartas escritas por Aida que nunca envió. Cómo llegan a poder del narrador no se explica. Alguien se las dió no se sabe cómo. ¿Por qué John Berger no ha incluido alguna carta de Xavier hacia Aida utilizando la misma treta? Quizás esto hubiese vulgarizado un poco la historia. Quizás mejor así, sin saber de Xavier de manera directa. Porque nada conocemos de Xavier, salvo por Aida. Su personalidad (la de Xavier), lo que siente, lo que piensa,… todo está filtrado por Aida. Como mucho, en algunas cartas de Aida, podemos percibir un ligero atisbo de Xavier, directamente de él, sin filtros. Son cartas en las que Xavier ha escrito comentarios en el reverso. Comentarios que tienen poco o nada que ver con la carta en la que están hechos. Son comentarios fríos o, mejor, con el calor en otro foco. No en Aida, sino en la revolución, en las injusticias del mundo,…
Esto, para mí, le da un aire excesivamente propagandístico que también le roba gusto al libro. La historia en sí misma es ya un poco panfletaria en este sentido, aunque el lirismo de Aida suaviza la acidez, hasta casi hacerla desaparecer. Los comentarios de Xavier, en cambio, son tan innecesarios, tan poco elegantes, rompen tanto el ritmo y el discurso de la historia que no entiendo cómo John Berger ha recurrido a un recurso tan sobado y primario para llamar la atención sobre las injusticias del mundo. El efecto es muy inverso, al menos en mi caso.
Así que, este libro tiene, para mí, una de cal y otra de arena. Celeste Aida (empañada un poco por algún episodio demasiado épico), mitinario y asambleario Xavier. No, John Berger no ha logrado sensibilizar con solo literatura y una buena historia de original formato, y ha querido recurrir a la foto fácil, casi de ladillo o comentario al margen más propios de otro tipo de libros, los de opinión. En cualquier caso, un libro recomendable.
Por cierto, la pretenciosa y mirasuombligo Isabel Coixet, hizo una exposición, o mejor una instalación, sobre este libro. La instalación, realizada con la ayuda de la arquitecta Benedetta Tagliabue, es una serie de jaulas que simulan celdas de cárcel, en cuyos camastros están escritas frases de las cartas de Aida a Xavier. Algunas de estas cartas son leídas en las voces de Penélope Cruz, María de Medeiros, Tilda Swinton, Patricia Clarkson, Monica Belluci, Leonor Watling, Sophie Calle, Carme Elias, Julie Delpy, Isabelle Huppert, y Sarah Polley. La voz de Xavier la pone escritor sueco Henning Mankell. La instalación ya se cerró. He de confesar que Isabel Coixet me carga un poco y la he visto destrozar algún libro en alguna de sus películas, pero no puedo opinar sobre esta instalación y los comentarios que he leído son poco informativos. En su descargo, más que apuntarse al tirón del libro la instalación de Isabel Coixet fue a petición de John Berger, que según parece es amigo suyo. Facilona, Isabel Coixet llamó a la instalación “De I para J” :-).
j.
De A para X. Una historia en cartas. John Berger. Alfaguara (2009). 201 páginas. ISBN: 978-84-204-2295-4.




Un precioso post.
A Aida le gustaría.
Un beso,
M.