Hace unos días acabé de leer la “Trilogía en cinco volúmenes” de “La Guía del Autoestopista Galáctico” de Douglas Adams. Y la he disfrutado mucho.
El mero hecho de referirse a esta obra como una “trilogía en cinco volúmenes” (en palabras de su autor) da una idea del sentido del humor que la caracteriza. Douglas Adams era inglés y en algún momento se marchó a vivir a California. En sus libros preserva ese sentido del humor inglés, fino y sutil, inteligente y evocador, y generador de nuevo pensamiento.
La Guía del Autoestopista Galáctico recoge las aventuras de una persona normal, tirando a muy normal, casi extrañamente normal, aunque sea esto en sí mismo una contradicción, un oxímoron. Y así, de pronto, me da por pensar que tal vez D. Adams configuró así a su personaje, precisamente así, para alinearlo con el discurso general del libro. Porque la Guía está llena de ese tipo de juegos lógicos, mezclados con situaciones y acciones levemente cómicas. Al leerlo, uno no se parte de risa. Pero sonríe. Casi todo el rato. Porque las situaciones son originales, inéditas, inverosímiles, nuevas y, en cierto modo, contraculturales.
Qué no debes esperar de la Guía: un libro de ciencia ficción al uso. Es casi una parodia, pero cargada de inteligencia. Nada que envidiar en este sentido a las mejores novelas de ciencia ficción. El viaje en el tiempo y sus paradojas, en la Guía se llevan a un extremo casi onírico. Como la cena en el Restaurante del fin del mundo. Pues es en el fin del mundo en sentido estricto: donde se acaba el mundo, o mejor, cuando se acaba el mundo, cuando deja de existir, en el fin del tiempo. Pero también tiene cosas sorprendentes que difícilmente se encuentran en libros de ciencia ficción que, muchas veces, simplemente estiran un poco o un mucho la propia realidad, la ciencia no ficticia. En la Guía se habla y se hace uso de la energía de la improbabilidad infinita, evidentemente no existe, pero permite desplazarse por el universo, a cualquier lugar en el espacio y en el tiempo, en una fracción de éste infinitamente pequeña. O un aparato (de hecho, en la historia que cuenta el libro, se trata de una edición avanzada de La Guía del Autoestopista Galáctico) que debe determinar primero cuáles dimensiones son accesibles al usuario para configurarse adecuadamente.
Las situaciones en la Guía tienen también convencionalismos, pero fuera de lugar, es decir, poco convencionales (otra vez, una contradicción aparente). Tal es el caso de un robot deprimido, un ascensor con miedo a las alturas o puertas automáticas que se empeñan en suspirar o saludar y agradecer que se las haya utilizado.También tiene algunos análisis, regalados humildemente, como si no fuesen nada, simplemente párrafos de un libro de ciencia-ficción cómica, pero que sin embargo, entrelíneas, son de una profundidad ausente en muchos ensayos que se tienen como sesudos. Aquí pongo un par de ejemplos que tienen un especial interés para mí, por mi vida pasada de científico. Algunos científicos olvidan(amos) (o interesa olvidar) reflexiones como esta muy fácilmente
Quizás más preocupados por “el qué dirán” que por “el qué será”. Y justo a este respecto, Douglas Adams nos deja esta otra reflexión:
Claro que, algunos “científicos”, de los reales, no de los de ficción, pueden llegar a extremos como el que retrata en estos párrafos. Tal vez Douglas Adams pretendía hacer un esperpento, una exageración, con esta ficticia rueda de prensa de un científico que “tiene” que quedar por encima de los demás mortales. Y sin embargo, no es tan esperpéntico, casos de estos he podido ver… y veo.
Las tres citas proceden del cuarto volumen de la trilogía, el titulado “Hasta luego, y gracias por el pescado”. Precisamente, el más difícil de conseguir.
¡Vaya! se me ha quedado un cierto regusto amargo e intelectualoide barato en esta parte del post. Para compensar, una idea “genial” de la Guía
El título de la Guía se refiere a una especie de libro en red (lo que muestra lo avanzado del pensamiento de D. Adams cuando en 1979 escribió el primer volumen de su trilogía de cinco volúmenes, antes de que ni siquiera la Web estuviera en el pensamiento de su creador —Tim Berners-Lee creo la World Wide Web en 1989). La Guía es una guía de viaje, pero interestelar. Dice cómo es, qué hacer, qué no hacer, dónde ir,… de cualquier lugar, ente, momento, dimensión, etc. del universo. Una nota, sobre la Tierra, que desaparece al poco de empezar el libro (no descubro nada con esto), la Guía del Autoestopista Galáctico simplemente dice “Fundamentalmente inofensiva”.
En resumen, las aventuras de Arthur Dent (protagonista normal, extrañamente normal) y su amigo extraterrestre Ford Prefect (y algunos otros amigos/as) contenidas en la serie de La Guía del Autoestopista Galáctico es una lectura muy recomendable, sana, imaginativa y un poco adictiva, diría yo. Eso sí, hay que leerlo sin prejuicios y sin pedirle lo que no va a dar.
A su autor se le compara con Lewis Carroll (será por los juegos lógicos), Groucho Marx (por su surrealismo) y con los Monty Python (por su humor del absurdo), Jonathan Swift (por su sátira y burla de todo) o Kurt Vonnegut (otro escritor de ciencia-ficción satírico y algo surrealista). Y creo que lo es todos a la vez, inteligente y divertido.
Lo cinco volúmenes de la trilogía son, por orden cronológico:
- Guía del Autoestopista Galáctico
- El restaurante del fin del mundo
- La vida, el universo y todo lo demás
- Hasta luego, y gracias por el pescado (este volumen está agotado y es prácticamente imposible de encontrar nuevo. Quizás de segunda mano. Pero merece la pena no perderse el mensaje de los delfines a los hombres antes de desaparecer. Mi ejemplar lo conseguí a travé sde Iberlibro.com, en una librería llamada Mercadillo de Miguel en Alcaudete de la Jara – Toledo)
- Informe sobre la tierra: Fundamentalmente inofensiva
En español han sido publicados por Anagrama (en su colección Compactos en las últimas re-ediciones).
Douglas Adams ha escrito algunos libros más: Dik Gently, agencia de investigaciones holísticas, Iras celestiales, Mañana no estarán, este último de divulgación novelada sobre animales en proceso de extinción (más allá del peligro de extinción). Murió joven (en 2001 con solo 49 años). Una pena, sería uno de mis autores a seguir.
NOTA: hay una película basada en este libro que se titula igual “La guía del autoestopista galáctico”. Es difícil de encontrar, pero existe en DVD. El mismo Douglas Adams colaboró en la escritura del guión. Sin embargo, ES IMPRESCINDIBLE LEER EL LIBRO ANTES DE VER LA PELÍCULA. Y una vez leído (los cinco volúmenes), mejor no ver la película: prescindible, caduca y, en ningún modo, a la altura del libro.







Gracias por la reseña, para mi un autor totalmente desconocido. ¿es buena la traducción? ¿merecería la pena intentar leerlo en su idioma original, asumo que el inglés?