Por qué Delnadir

Este es un blog personal, simplemente. No pretendo centrarme en ningún tema en concreto ni servir de referencia de nada. Tanto una cosa como la otra serían ciertamente pretenciosas. Ya el mero hecho de tener un blog tiene algo de exibicionismo, de querer mostrarse al resto del mundo, tal vez como contrapartida fácil al individualismo incidental, episódico, que habitamos. Sin embargo, creo tener una pretensión sincera de utilizar este blog con al menos dos fines conscientes.

Por un lado me sirve como un medio de conservar de manera más o menos ordenada, independiente de lugar, con un formato establecido (ciertamente impuesto, pero es tan cansado tener que decidir todas y cada una de las facetas del cristal multidimensional que somos que alguna restricción a nuestra libertad es hasta bienvenida, a veces), los pensamientos por los que vago en momentos entre momentos, aquellos que duran de una actividad consciente a otra, momentos que de otra manera resultarán inexistentes, invividos, como los pasos que se dan en salones de los pasos perdidos, donde nadie se detiene sino que va de un lugar a otro. Son trozos de tiempo suspendido: los veinte minutos de viaje en coche de casa al trabajo y del trabajo a casa, los cinco o diez minutos de ducha matutina, los quince minutos de interfaz entre la vida y el sueño, el tiempo blanco del insomnio,…

Por otro lado, Delnadir me sirve como medio de interlocución con amigos, visibles e invisibles, remedo de tertulia asíncrona y, ahora lo sé, esencial y monstruosamente asimétrica. El caso es que, cada post que voy poniendo aquí, como un mensaje en una botella (como digo en el primero de los post que dejé), me deja con un cierto grado de estabilidad, de sosiego, de orden que contrasta con el desorden externo e interno que, tras cincuenta años de autorealidad, debo de admitir que me caracteriza.

El nombre, Delnadir, es un acrónimo de Desde el nadir. Nadir es el punto virtual opuesto al cénit. Así como el cénit es el punto más alto de la bóveda celeste, aquél que está en cada momento justo encima de nosotros, el nadir es aquél punto que está justo debajo de nosotros, el otro extremo del eje que nos atraviesa perpendicularmente. El nadir es siempre invisible para los que habitamos la tierra, se halla en la bóveda celeste antípoda. Si fuésemos astronautas suspendidos ingrávidos en el espacio, sin obstáculos alrededor, entonces sí podríamos ver ambos extremos del eje, del cénit al nadir. Aunque en una situación así, en un espacio sin referencias próximas, ¿qué es arriba y qué es abajo? ¿qué es vertical? 

El nombre, Desde el nadir, lo he elegido porque quiero que cuando escriba aquí los pensamientos errantes que se me ocurran, esos de los momentos perdidos, sean como dejados por uno de mis alter-egos, invisible incluso para mí mismo. Como un heterónimo pessoaniano. Algo finalmente pretendido en vano, pues esa dualidad esquizóide es meramente virtual, inexistente en esencia, pues siendo plenamente consciente de ella, así se niega a sí misma y desaparece. Mis amigos y conocidos que pueden alguna vez acceder a este blog, saben quien lo escribe. No hay dualidad en ello. Los que no me conocen, tan sólo conocen esta parte de mí, no hay tampoco dualidad entonces. Sin embargo, haciéndolo así, puedo separar algunas de las múltiples realidades que soy en cada momento, sin contaminar unas con otras, o al menos engañarme un poco de que así es o así parece.

j.

2 respuestas

16 05 2008
Elena

Suerte con el blog. Nuestra editorial se llama El Nadir, somo de Valencia, España. Entrad en nuestra página.

18 03 2008
spla

“Unos escriben para matar, otros para no morir.
Máscara del dolor es la memoria. Se escribe porque se recuerda.
Hay quien escribe para olvidar, y quien lo hace para reconstruir el mundo.
Únicamente los elegidos se destruyen en su propia creación”.
Un trocito de mi buen amigo y poeta Angel Guinda (“Huellas”, 1998)

Deja un comentario